Mercaderes y Mentalidad

Saber cuál fue el impacto de la crisis de mediados del siglo XIV en la mentalidad de los mercaderes es muy difícil. Unos dicen que la mentalidad del mercader de finales del XIV era muy distinta de la de sus predecesores y otros dirán que ese cambio no se debió tanto a la crisis como la situación política o al equilibrio social en la comunidad en la que residían esos mercaderes.

En las dos grandes potencia italianas, Génova y Venecia, puede apreciarse en este periodo una diferencia entre ellas. Mientras los genoveses tendían al individualismo, los venecianos eran famosos por su cohesión y sometimiento al control gubernamental.

El ingenio, la innovación y el riesgo se decantaron del lado genovés (mapas marítimos, póliza de seguros, navegación, etc.), mientras que el mercader veneciano era más conservador y siempre fue a la zaga del primero.
Los cambios de mentalidad habría que buscarlos en un estancamiento del tráfico marítimo con Levante y el Mar Negro a finales del siglo XIV y principios de XV, visible en la paralización de obras portuarias en ambas ciudades o la reducción de los convoyes de galeras venecianas, a la vez que el mercado de préstamos en Venecia descendía en la segunda mitad del siglo XIV.
Lo que sí podemos asegurar, a modo de resumen, es lo siguiente: el mercader bajomedieval que negociaba en el ámbito mediterráneo ya no era un personaje anónimo, itinerante, que se desplazaba con su género, como antaño. Ahora combinaba el riesgo con la seguridad que le daban unas técnicas mercantiles más depuradas, siendo a la vez mercader y fletador de buques, que utilizaba el notario para redactar sus contratos de seguros o crear una compañía y, si se trataba de un gran mercader, dirigía sus negocios desde la casa madre a través de una red de operadores instalados en las distintas ciudades portuarias.