Valencia

Incorporada a la Cristiandad como reino propio por Jaime I entre 1232-1245, Valencia mantuvo una intensa actividad marítimo-mercantil en los siglos XIV y XV en todo el Mediterráneo, una vez iniciada la recuperación en los años setenta de las dificultades de mediados del siglo XIV.

La prosperidad agraria y el despegue industrial, en particular el textil, explican el incremento del tráfico naval, a lo que se añadió la excelente situación geográfica de Valencia, que se convirtió en escala habitual en la ruta Italia-Flandes.

Sin embargo, en la economía valenciana aún subsistieron viejos temores y mentalidades tradicionales que, a la larga, se saldaron con el fracaso y la quiebra de la prosperidad en las primeras décadas del siglo XVI.

El tráfico de cabotaje era muy intenso, en particular en el propio reino, y se extendía hasta las costas de Cataluña y del Rosellón, con pequeñas embarcaciones que transportaban productos agropecuarios. En el tráfico de altura el principal destino fueron las Islas Baleares, en la que participaban mercaderes judíos y conversos, y desde donde se importaba cera, cueros, grano, oro, productos africanos, a cambio de telas manufacturadas valencianas.
Complementando esta ruta se encontraban Almería, de donde obtenían seda y oro, e Italia, cuyas relaciones fueron en aumento desde finales del siglo XIV.
Cabe destacar que en apertura de Valencia al Mediterráneo participaron todas las fuerzas sociales: la burguesía mercantil y la pequeña nobleza de los caballeros, sin olvidar musulmanes, judíos y conversos, como armadores de buques, patrones o creadores de sociedades comerciales o aseguradoras.

La expansión de Valencia fue posible en buena medida gracias a las fecundas relaciones con la península italiana, visibles también en el terreno cultural.

Valencia alcanzó su máxima prosperidad mercantil en la segunda mitad del siglo XV, aprovechando la decadencia de Barcelona, y convirtiéndose además en plaza bancaria de primer orden, en contacto con Roma, Nápoles, Lisboa, Medina del Campo o Brujas.

Por su parte, el comercio impulsó otras comarcas cercanas a Valencia y el puerto de Alicante conoció un despegue en la segunda mitad del Cuatrocientos, mientras que pequeñas localidades como Denia o la Vila-Joiosa, La Mata, veían fondear los buques florentinos o genoveses en su escala hacia Flandes para cargas productos como el azafrán, las pasas, el vino, etc.