 |
Durante
la Alta Edad Media predominó una visión simbólica
del universo, de la naturaleza y sus partes, adaptando los conocimientos
heredados de la Antigüedad a una interpretación en la
que la Naturaleza viene a ser un “Libro” al que se aplican
los mismos procedimientos de exégesis que a la Biblia, de
modo que todo en ella debe ser objeto de interpretación simbólica
o alegórica ya que sólo así se puede llegar
a comprender la verdad del discurso desarrollado por Dios en la
creación. |
El
universo se concebía formado por cuatro elementos que eran,
a la vez, cuatro “complexiones” de la materia: tierra/seco,
agua/húmedo, aire/frío, fuego/caliente. En nuestro
mundo, por debajo de la órbita de la Luna, los cuatro elementos
se distribuirían en sus lugares idóneos, según
su grado de pesadez: tierra, agua, aire y fuego. Más allá
del mundo terrestre por encima de la Luna, habría también
un quinto elemento o “quintaesencia”, el éter,
que no se puede conocer por la experiencia.
|
|
La
arquitectura del universo en la Edad Media es de lo más peculiar
y se resume en lo siguiente: la Tierra, esférica, ocupa el
centro y está rodeada por una serie de globos huecos y transparentes,
uno encima del otro y, naturalmente, cada uno de ellos mayor que
el que está debajo. Ésas serían las “esferas”
o “cielos”. En cada una de las siete primeras esferas
hay fijado un gran cuerpo luminoso: Luna, Mercurio, Venus, Sol,
Marte, Júpiter y Saturno, que son los siete planetas. Más
allá de Saturno está el Stellatum, donde
residen las estrellas fijas. Y más allá de éste
hay una esfera llamada Primer Motor o Primum Mobile pero
que pasa desapercibida para nuestros sentidos pues no contienen
ningún cuerpo luminoso.
¿Y
más allá?: “fuera del cielo no hay espacio,
ni vacío, ni tiempo. Ésa es la razón por la
que lo que quiera que allí haya se caracteriza por no ocupar
espacio ni verse afectado por el tiempo” (Aristóteles).
Y los pensadores medievales afirmaron que esto era precisamente
el Cielo “propiamente dicho y colmado por Dios” (Bernardo
Silvestris, s.XII), “ese Cielo que es luz, luz intelectual,
colmado de Amor” (Dante). Pero la diferencia mayor entre la
comprensión medieval del Universo y la actual radica en que
el universo medieval, aunque imaginablemente grande, era finito. |
 |
Sin
embargo, esta comprensión del Universo entraña una
concepción religiosa no cristiana aunque tampoco incompatible
con ésta ya que toda clase de poder, movimiento y eficacia
descienden de Dios al Primum Mobile y lo hacen girar. Su
rotación causa la del Stellatum que, a su vez, causa
de la de la esfera de Saturno y así sucesivamente hasta la
última esfera en movimiento, la de la Luna.
|
Además
del movimiento, las esferas transmitían a la Tierra lo que
se llamaban “influencias”, y éste era el tema
que estudiaba la astrología. En resumen, de cada planeta
emanarían propiedades específicas cuya influencia
no se ejerce sobre los hombres directamente sino a través
de una modificación del aire.
El
movimiento de las esferas es rotatorio-circular porque “el
mayor acercamiento a la ubicuidad divina y perfecta que pueden alcanzar
las esferas es el movimiento más rápido y regular
posible, en la forma más perfecta, que es la circular. Cada
esfera la alcanza en grado menor que la esfera situada por encima
de ella y por esa razón tiene la marcha más lenta.
La dignidad, el poder y la velocidad van disminuyendo progresivamente
a medida que descendemos desde las esferas hacia la Tierra, que
es el borde de la creación, el margen exterior donde el ser
se desvanece en el límite de la nada” (C.S. Lewis).
|
|