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Algunos
teólogos del siglo XII desarrollaron una teoría
sobre el origen del Universo que también hunde sus raíces
en la Antigüedad, concretamente en la doctrina platónica
de la iluminación, desarrollada por San Agustín
en el plano de lo espiritual, al imaginar el alma como portadora
de la luz divina, que ha de descubrir en sí misma y por
medio de la cual gobierna a los sentidos y al cuerpo entero.
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Así, “Dios
es luz. De esta luz inicial, increada y creadora, participa en cada
criatura, que recibe y transmite la iluminación divina según
su capacidad, es decir, según el rango que ocupa en la escala
de los seres. Surgido de una irradiación, el Universo es
un surtidor luminoso que desciende en cascadas, y la luz que emana
del Ser primero instala en su lugar, inmutablemente, a cada uno
de los seres creados, y los une a todos con un lazo de amor”
(G. Duby), aunque los del mundo sublunar vivan en tierras de penumbra
por la perturbación que el Mal ha introducido.
Pues bien, bajo la influencia de esta concepción
simbólico-teológica de la luz, el pensador inglés
Roberto Grosseteste llegó a atribuir a la luz un papel esencial
en la producción y constitución del Universo. Según
este inglés, “al principio Dios crea de la nada, y
simultáneamente, la materia prima y la forma de esta materia.
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Basta
suponer que Dios haya creado primero un simple punto material informado
de esta manera. Esta forma es, en efecto, la luz, y la luz es una
sustancia corpórea muy sutil que se aproxima a lo incorpóreo,
y cuyas propiedades características son el engendrarse a
sí misma perpetuamente y difundirse esféricamente
alrededor de un punto, de un modo instantáneo. Dado un punto
luminoso, instantáneamente se engendra alrededor de este
punto, tomado como centro, una esfera luminosa inmensa. Esta difusión
de la luz no puede ser contrariada sino por dos razones: o bien
encuentra un obstáculo opaco que la detiene, o bien termina
por alcanzar el límite extremo de su posible enrarecimiento,
y con ello su propagación. Esta sustancia formal es también
el principio activo de todas las cosas; es la primera forma corpórea,
que algunos llaman corporeidad”. |
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Espero
que estos apuntes sobre la imagen medieval del universo pueda
ayudar a entender mejor las ideas que se tenían sobre la
Tierra, la situación transitoria de los hombres en ella,
la calidad de sus espacios y criaturas en el conjunto de la creación.
Son una serie de ideas que, evidentemente marcaron a un periodo
y a unos hombres.
Por último, os quiero dejar con unos versos que muchos
conoceréis y donde también se reflejan todas estas
ideas adaptadas del platonismo:
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