Juan
de Fermoselle, mas conocido como Juan del Encina (o del Enzina),
nace cerca de Salamanca en 1468, donde muchos estudiosos le
sitúan su lugar de nacimiento en Fermoselle (Zamora).
Hijo de un zapatero, también llamado Juan de Fermoselle.
Hizo sus estudios en Salamanca, siendo allí condiscípulo
de Nebrija. Bajo la tutela de éste estudia retórica
y latín, y entró en el coro de la catedral en
1484. Tomó las órdenes menores, y en 1490 fue
nombrado capellán. En esta época era conocido
como del Encina, probablemente a causa del apellido de su madre.
En 1492, Encina entró al servicio de Fadrique: duque
de Alba. Tanto el duque como la duquesa cultivaban con entusiasmo
las artes, especialmente la música y la poesía;
continuo a su servicio hasta 1498.
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Entonces,
tras no haber conseguido obtener una prebenda como cantor en el
coro de la catedral, decidió viajar a Roma. Allí
se estableció rápidamente en la corte del Papa español
Alejandro VI, quien le otorgo beneficios en la diócesis
de Salamanca. Sin embargo, Encina no llegó a obtener el
puesto en la catedral. El Papa Julio II, de cuyo favor disfruto
igualmente, le otorgó el archidiaconato de la catedral
de Málaga, a pesar de que Encina aún no había
sido ordenado sacerdote.
De
1508 a 1519, Encina dividió su tiempo entre Málaga
y la corte papal. Finalmente, en 1519, Encina fue nombrado sacerdote
y realizó un peregrinaje a Tierra Santa para celebrar su
primera misa en el monte Sion. Aquel mismo año, el Papa
León X le nombro prior de la catedral de León.
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A
la muerte del Papa en 1521, Encina volvió definitivamente
a España y asumió su cargo en la catedral de León,
donde permaneció hasta su muerte en 1529 o 1530. En 1534
su cuerpo fue trasladado a Salamanca y, de acuerdo con sus deseos,
fue enterrado bajo el coro de la catedral.
Fue
un gran humanista. Como dramaturgo se le considera el padre o
patriarca del drama español. Sus poesías líricas
parece haberlas escrito todas ellas antes de 1500, muchas de ellas
compuestas para ser cantadas, pues él mismo había
sido un gran músico. |
Sus
poesías se dividen en dos categorías: las de tema
divino y las de temas profanos, siendo éstas más
inspiradas que las primeras. Su imaginación fue natural,
con mucha gracia popular. No cabe duda que sus poesías
deben figurar en toda antología de poesía castellana.
La obra de Juan del Encina ilustra de manera inigualable la interpenetración
de elementos cultos y populares, característica frecuente
en la música y la poesía del renacimiento tardío.
Su originalidad consiste en su especial habilidad para combinar
los ritmos poéticos y musical y la expresión en
un todo orgánico.
Según Juan del Encina la distinción
entre Villancico y Canción se hacía atendiendo al
número de versos que presentaba el inicio de la poesía.
Era villancico cuando la estrofa inicial tenía dos o tres
versos y canción cuando presentaba cuatro o más.
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Un personaje
con una vida plagada de viajes y buenos contactos, que podría
hacer más de un favor a unos más que despistados
Pjs en ambiente cortesano. Estas podrían ser sus características,
compartiendo las competencias de un clérigo y un escritor:
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