“España
mi natura. Italia mi ventura. Flandes mi sepultura.” (copla
recitada por los tercios españoles)
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Gonzalo Fernández
de Córdoba, más conocido como “el Gran Capitán”,
reunió todas las virtudes del caballero. Su planta, su
porte, su diplomacia, su magnanimidad, su estilo, su condescendencia
y su forma de ver el arte de la guerra hicieron de él un
ejemplo a seguir.
Don Gonzalo nació en tiempos
inciertos, en 1453 (caída de Constantinopla), en la localidad
de Montilla, Córdoba. Se trataba del menor de dos hermanos:
Alonso y él. Sus padres fueron Don Pedro Fernández
de Aguilar y Doña Elvira de Herrera, pertenecientes la
baja nobleza y siempre dispuestos a acudir en apoyo de tal o cual
causa.
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La
educación de ambos hermanos fue notable. Su instructor,
Don Pedro de Cárcamo, supo instruirles en valores tales
como la gloria y la virtud, máximos anhelos del caballero
español. Y los tiempos se presentaban muy propicios para
que los jóvenes sacaran a relucir esas virtudes en el campo
de batalla, misión que le tocaría a Gonzalo como
hidalgo al que le correspondía buscar galones y fortuna. |
Y
los tiempos en Castilla se presentaban muy atractivos para el
combate. Enrique IV había sido desposeído de su
cetro y el pretendiente, Don Alfonso, se hizo con el mando de
la nación. La ciudad de Córdoba se pondría
del lado de este último y Gonzalo combatió dos veces
en favor de los pretendientes: Don Alfonso y Doña Isabel
(futura Isabel I). Nuestro personaje brilló con luz propia
sobre el campo de batalla y supo hacerse un sitio junto a la reina
de Castilla. Y las malas lenguas dirían que ese sitio estaba
muy cercano a ella, llegándose a comentar que hasta fueron
amantes. |
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Por
fin se unifican Castilla y Aragón entorno a la figura de
los Reyes Católicos, pero aún quedaba un reducto
musulmán en la Península que se había amurallado
en Granada. Y estallaría el conflicto durante diez años,
desde 1482 a 1492. Diez años en los que las bajas serían
muy importantes y por las que se tuvo que reestructurar el ejército
español. Finalmente los musulmanes capitularían
el 2 de enero pero pronto llegarían nuevos parajes para
la guerra, donde Don Gonzalo también participaría.
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Posteriormente,
el nuevo campo de batalla se perfilaba en el sur de Italia y hasta
allí tendrían que ir las fuerzas españolas
para frenar el avance hacia Nápoles del rey francés
Carlos VIII, cuya hegemonía era indiscutible en Europa.
Y España enviaría a uno de sus mejores militares,
a Don Gonzalo Fernández de Córdoba junto a 5000
infantes y 600 jinetes, divididos magníficamente en tercios:
alabarderos, infantería ligera y arcabuceros (siempre acompañados
de caballería ligera).
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Sin
embargo, el 28 de junio de 1495 se produce la única derrota
en campo de batalla que sufrió Don Gonzalo Fernández
de Córdoba. Desde entonces no volvería a perder
una sola batalla, librando más de un centenar.
Pero
pronto comenzarían a llegar las victorias y la fama a lo
largo de Italia. Los soldados comenzarían a adorar a ese
hombre, que fue ganándose el apodo de “Gran Capitán”.
Todos querían combatir a su lado, porque presumían
que junto a él los honores no tardarían en llegar
para todos. En 1498 acabaría la primera campaña
en Italia y Don Gonzalo es querido por todos, queriéndose
nombrar virrey en Italia. Sin embargo, debería volver a
España ya que los musulmanes se habían revuelto
en las Alpujarras.
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En
cualquier caso, en 1500 volvería de nuevo a Italia. Allí,
debido al grave error del rey italiano de aliarse con los turcos,
se produciría el reparto efectivo de la península
italiana a manos de franceses y españoles. Sin embargo,
en este reparto quedaron pequeñas localidades que no habían
quedado bien delimitadas, lo que provocó el enfrentamiento
entre las dos potencias. Don Gonzalo trató de negociar
pero ante la obstinación francesa, hubo que acudir de nuevo
a las armas. |
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