Gonzalo Fernández de Córdoba (II)

“Yo no suelo combatir cuando me lo pide el enemigo; más bien suelo combatir cuando me apetece a mí.”

La campaña sería muchísimo más cruel que la primera. Aunque también habría momentos para la gloria y la brillantez. Muestra de ello serían las batallas de 1503, el año decisivo de la campaña, como las de Ceriñola o Garetaggio. Pero Don Gonzalo no era un hombre cruel, no le gustaba matar y siempre respetaba al enemigo caído.

Finalmente, el 11 de febrero de 1504 se firma la paz entre ambos países y Don Gonzalo estaría en su mejor momento, nombrado virrey de Nápoles.

Pero hechos terribles suceden en España. Su gran valedora, la reina Isabel I de Castilla muere en España y Don Fernando ordena que vuelva a España.

Y vuelve entre envidias y suspicacias puesto que su comportamiento en Nápoles había sido el de un verdadero rey (incluso repartiendo todo tipo de bienes), lo que provocó el recelo de antiguos aliados.

Se produce aquí el conocido capítulo de “las cuentas del Gran Capitán”. El rey Fernando, instigado por los conjurados contra Don Gonzalo, le pide cuentas de por qué se han gastado tantas sumas de dinero en aquella guerra.

Los inquisidores hablaban de malversación de fondos y de prevaricación.

El Gran Capitán, muy enojado por todo esto, tuvo que dar explicaciones económicas a un rey poco agradecido. Finalmente, abrió su libro y explicó las cuentas más o menos así:

“432.786 ducados con 9 reales han sido gastados en frailes, monjas y pobres, a fin de que oraran por los intereses de los soldados del rey; 786.427 ducados con 8 reales, han sido gastados en picos, palas y azadones, para enterrar a los soldados caídos en manos de los soldados del rey; 60.000 ducados han sido gastados en guantes perfumados para evitar que el hedor de los enemigos cubriera a los soldados del rey; 700 millones de ducados han sido gastados en espías para que informaran a los ejércitos del rey sobre los movimientos del enemigo y 300 millones de ducados han sido gastados para calmar el enojo que me produce ver a tanto imbécil diciéndole al que dio tantos reinos a España que se ha gastado o no se ha gastado dinero”.

Ante esto, la risa y el clamor. La gente aplaudió a Don Gonzalo más que nunca y el rey no tuvo más que callarse y dar el asunto por concluido.

En 1507 regresaría a España olvidado por casi todos y sin ver cumplida la promesa de otorgársele el Maestrazgo de la Orden de Santiago. El 2 de diciembre de 1515 muere en Granada víctima de la malaria contraída en Italia, siendo enterrado en la Iglesia de san Jerónimo.

En fin, poco más creo que cabe añadir de este personaje, tan solo dejaros con sus posibles características y recomendaros pasar una campaña luchando bajo el mando de tan singular personaje:

 

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