Fray Antonio de Guevara
Fray Antonio de Guevara, franciscano, nació en Treceño (Santander) alrededor de 1481, y murió en Mondoñedo (Lugo) el 3 de abril de 1545. Fue hijo de D. Beltrán de Guevara y Doña Elvira de Noreña y Calderón. Llegó a ser inquisidor y Obispo, aunque también se dedicó a las tareas de historiador y moralista.

Cuando cumple doce años, Antonio de Guevara, gracias a los buenos oficios de un tío suyo puede educarse en la Corte como paje del príncipe Juan y es probable que recibiera lecciones del humanista Pedro Mártir de Anglería. Desde entonces, Antonio de Guevara y de Noroña comienza su carrera de cortesano y hombre de mundo que no abandonaría hasta los últimos años de su vida.

Decepcionado de aquella vida mundana y movido por una crisis de conciencia, agudizada después de la muerte del Príncipe, determinó tomar el hábito franciscano a la edad de veinticuatro años, en la provincia de la Concepción. Fue guardián de Arévalo, de Soria en 1518, y definidor de su provincia el 11 de noviembre de 1520. El 30 del mismo mes y año se encontraba en Villabrágima, portador de unas provisiones imperiales para terminar el conflicto de los comuneros, pero de este encuentro sale «mal tratado y peor servido».
Hombre dotado de una gran facilidad de palabra, se impuso por sus condiciones naturales de orador; la fama de sus sermones le llevó de nuevo a la corte, donde consiguió que el Emperador le nombrara predicador real el 4 de octubre de 1521. Triunfante el partido imperial, atacó sin piedad a los comuneros. Carlos V recompensó con creces el decidido apoyo prestado por Guevara a su causa y le nombró también inquisidor de Toledo.

Antonio de Guevara fue emprendedor y belicoso y no se conformó con la vida brillante de la corte, sino que siguió al Emperador en varias de sus salidas por las tierras del Imperio. Participó en la expedición militar de castigo a Túnez y en la entrevista entre Carlos I y Francisco I.

Sin embargo, y en lo que a su oficio como inquisidor se refiere, podemos comprobar que jamás disfrutó con él. Así, en el suplemento sobre la Santa Inquisición, se nos apunta que “acabó asqueado de los procedimientos inquisitoriales, renunció a su cargo y acabó como obispo de Mondoñedo, dedicándose a escribir obras didácticas, que alcanzaron gran difusión en Europa, en especial en Inglaterra.”

Sabemos que también terminó cansado de la vida diplomática y política, por lo que su decisión de retirarse a Mondoñedo obedecía a su deseo de dejar constancia y justificar su menosprecio a la corte, alabando la vida de aledea.

Pero lo que le dio más gloria fueron sus obras, tan variadas en temática y tan ricas en recursos expresivos. Los trabajos literarios de Guevara corrían manuscritos entre los cortesanos y eran admirados por su estilo pulido y retórico, por la variedad y ciencia que encerraban; hasta tal punto se aficionaron a ellos que el escritor no tuvo más remedio que imprimirlos, con objeto de fijar el texto, bastante alterado en las copias.

 

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