Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

No es mucho lo que conocemos acerca de este curioso personaje. Aproximadamente debió nacer hacia la primera mitad del s. XIV pero los datos de los que disponemos son los que encontramos esparcidos a lo largo de la única obra suya que nos ha llegado, El libro del buen amor. En esta obra, afirma llamarse Juan Ruiz, ser arcipreste de Hita y haber finalizado su obra en 1330 o 1343 (según consultemos unas u otras crónicas de época). La fecha de su muerte la podemos fijar en torno al año 1350.

Por medio de este libro podemos hacer una descripción a grandes rasgos de cómo era su personalidad. Nos lo imaginamos como un poeta de pluma fina e irónica, familiarizado con la juglaría y por ello, un clérigo de vida alegre e inestable (algo no muy extraño tampoco en aquellos tiempos).

A lo largo de sus versos pretende recoger todo un inventario de los males que provoca el “loco amor” y nos ofrece una serie de recomendaciones para quienes, después de todo, persistan en practicarlos.

Después de haber fracasado intentando cortejar a tres mujeres se le apareció el Amor en persona y tras emprenderla a insultos con él, éste le dio una extensa lección de galanteo. Es de ahí de donde le viene su experiencia en estos menesteres.

Aunque esto no está del todo asegurado, terminó de escribir su obra en la cárcel (que podría ser una referencia alegórica) y las razones por las cuales acabó allí nos vienen a confirmar lo que venimos afirmando acerca de lo peculiar de su personalidad.

Según las noticias que se tienen, el bueno del Arcipreste se enemistó con el arzobispo Don Gil de Albornoz y se dedicó a acusarle veladamente de vicios y de desviaciones usando versos de doble y triple sentido que, escuchados en plazas y tabernas, todos entendían. Es por ello por lo que fue perseguido y apresado en Toledo.

Debido a los pocos datos que tenemos de la vida del Arcipreste y del jugo que le podemos sacar a esto, nuestro clérigo apareció en una de mis partidas como un hombre ya mucho más sereno y calmado, recluido voluntariamente en un monasterio donde meditaba los últimos días de su vida buscando tranquilidad de espíritu. Pero, aparte de seguir conservando su espíritu burlón y crítico en el trato con los Pjs, resultó ser también un experto conocedor de la Orden de los Templarios y sus misterios gracias a la cantidad de obras y documentos que había podido conseguir debido a su influencia dentro de la Iglesia. Por lo tanto, terminó siendo un apoyo fundamental para resolver las dudas y preguntas de los Pjs en la aventura que estaban llevando acabo.
Físicamente podemos describirlo así, tal y como se recoge en los versos:
"- Señora - diz la vieja-, yo le veo a menudo;
el cuerpo tiene alto, piernas largas, membrudo,
la cabeza no chica, velloso, pescozudo,
el cuello no muy alto, pelinegro, orejudo.

Las cejas apartadas, negras como el carbón,
el andar muy erguido, así como el pavón,
el paso firme, airoso y de buena razón,
la su nariz es larga; esto le descompón. “

 

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