Bolonia
Después de París, Bolonia fue la más importante de las universidades que se desarrollaron a lo largo de la Edad Media. Como París, Bolonia también sirvió como ejemplo para otras muchas instituciones universitarias, que se crearon a su imagen y semejanza, con la esperanza de igualar su buena reputación.

También en Bolonia, la universidad se construyó sobre la base de centros de enseñanza superior previamente existentes. En los inicios del siglo XIII, en Bolonia funcionaba una escuela episcopal, especializada en derecho canónico, que coexistía con una escuela municipal, especializada, a su vez, en derecho civil.

Por tanto, Bolonia era un polo de atracción para los estudiantes interesados en el estudio del derecho, sobre todo del civil, así estaban las cosas desde los primeros años del siglo XII, cuando Bolonia había alcanzado una excelente reputación, gracias a la obra de Irnerio.
En la ciudad italiana, la enseñanza superior adquiere unas características peculiares, que marcan claramente las diferencias con respecto a París y Oxford. Frente al carácter eclesiástico de la enseñanza de estas ciudades, en Bolonia la docencia tiene un carácter civil y laico, desconocido hasta entonces. Además, en Bolonia se lleva a cabo una importante renovación de conocimientos, relacionada con la reputación del derecho romano.
En Bolonia, el nacimiento de la universidad se debió a la actuación de los alumnos que no eran originarios de la ciudad. Éstos, atraídos por la fama de sus estudios jurídicos, se instalaban en ella a pesar de que carecían de derechos cívicos. Con el paso del tiempo, formaron una corporación en la que no se incluyeron ni lo estudiantes nacidos en Bolonia ni los profesores, pues unos y otros estaban bien integrados en la vida de la ciudad, y no necesitaban este tipo de solidaridad. Después de unirse, los alumnos extranjeros obtuvieron, en 1158, la promulgación por el emperador Federico I de los privilegios conocidos como Authentica Habita.
Los mismos supusieron su protección, así como su sometimiento a la jurisdicción del obispo, representado por el Magíster Scholarium. Igualmente, implicaron la posibilidad de agruparse en naciones, determinadas por los orígenes geográficos de los miembros que en ellas se integraban; cada una de ellas tenía un rector al frente, que eral siempre un clérigo escogido entre los alumnos de mayor edad.
Ya en los años iniciales del siguiente siglo, los estudiantes agrupados en naciones se federaron en dos corporaciones: la de los cismontanos (compuesta por alumnos de procedencia italiana) u la de los ultramontanos (formada por alumnos procedentes de otros ámbitos geográficos, aunque con especial predominio de los alemanes).
Paralelamente, los estudiantes iniciaron una nueva lucha para tratar de obtener los derechos civiles en Bolonia, y también para intentar sacudirse la tutela del obispo. En estas circunstancias, fueron muy frecuentes los conflictos con las autoridades ciudadanas; estos conflictos terminaron a veces en secesiones, que suponían la marcha de alumnos, en ocasiones acompañados de profesores, a otras ciudades próximas, como Vecenza o Padua.
Los hechos más importantes de esta lucha se escalonan desde 1219, en esta fecha, los estudiantes lograron depender directamente del Papa, de cuya protección gozaron a partir de ese momento, hecho esencial, que facilitará la consecución de sus reivindicaciones más apetecidas. En 1245 obtuvieron los muy deseados derechos cívicos. En 1259 consiguieron que profesores extranjeros pudieran ejercer, sin limitaciones, la enseñanza en Bolonia.

Finalmente, en 1280 se alcanzó una prerrogativa de gran importancia: desde ese momento, los estudiantes se encargarían de la selección de los profesores, al mismo tiempo que el gobierno municipal se comprometía a pagar sus honorarios.

En la universidad de Bolonia destacaron, sobre todo, según ya se ha indicado, los estudios jurídicos, en su doble vertiente: derecho canónico y derecho civil. Junto a estos estudios, también cobraron importancia otros, aunque de carácter menor, relacionados con la formación del notariado. Todas estas enseñanzas se vieron impulsadas por las consecuencias e implicaciones de la recuperación del derecho romano, de la que Bolonia se convirtió en abanderada.