Las Universidades de Castilla (S.XIII)

Palencia, Valladolid y Salamanca

La Corona de Castilla no quedó al margen de este movimiento de creación de instituciones universitarias, sino que participó activamente en su desarrollo, contribuyendo, desde el mismo siglo XIII, a engrosar el panorama universitario. El nacimiento de las universidades castellanas estuvo determinado por la iniciativa regia, aunque ésta, frecuentemente, actuó sobre la base previa de las escuelas episcopales.

Una iniciativa regia cuyas motivaciones últimas quedaron reflejadas en las páginas de las Siete Partidas, en las cuales se manifiesta un afán de emulación respecto a las grandes universidades europeas. El mismo fue provocado, sobre todo, por el afán de evitar que los jóvenes mejor preparados salieran al extranjero para realizar estudios superiores.

A lo largo del siglo XIII, la Corona de Castilla fundó tres centros universitarios. Salamanca, que se inspiró en el modelo parisino, y que estaba destinada a ser, durante siglos, la más importante no sólo de las universidades castellanas, sino también de las hispánicas; Palencia y Valladolid tuvieron una importancia mucho menor.

La primera de ellas, cronológicamente hablando, fue la de Palencia, cuyo nacimiento tuvo lugar en 1208. Surgió de la transformación de una escuela episcopal, favorecida por el monarca Alfonso VIII. Éste protegió claramente al nuevo centro universitario.

Le otorgó una generosa asignación económica, e hizo venir profesores extranjeros, especialmente franceses e italianos, para elevar el nivel de la enseñanza que se impartía en sus aulas. Esta enseñanza se centraba, en un principio, en las artes y en la teología, aunque muy pronto se les unieron los estudios de tipo jurídico.

Sin embargo, después de la muerte de su protector (año 1214), el estudio general palentino entró en crisis. Una crisis que no lograron evitar ni los buenos oficios de Fernando III, empeñado en revitalizarlo, ni la protección del papa Honorio III. Ya en el año 1263, la universidad estaba al borde de la desaparición, en esa fecha se realizó la última tentativa para lograr su supervivencia, tentativa protagonizada por el papa Urbano IV, que le otorgó los mismos privilegios que tenía la universidad de París. Todo fue en vano: el estudio general palentino no tardó mucho en extinguirse.

El estudio general de Salamanca surgió gracias al impulso del rey leonés Alfonso IX. Se desarrolló sobre la base de la escuela catedralicia y de diversas escuelas monásticas, estaba ya en funcionamiento en 1218. Como en el caso de Palencia, la universidad salmantina recibió el más firme apoyo de la Corona, apoyo que se hizo particularmente notable durante los reinados de Fernando III y Alfonso X; este último rey consiguió que la universidad recibiera el apoyo papal, personificado en la figura de Alejandro IV.
Ambos soberanos protegieron incansablemente al estudio de Salamanca: le concedieron una generosa dotación económica, organizaron con gran detalle su vida interna, confirmaron sus antiguos privilegios, a los que unieron otros nuevos; finalmente, obtuvieron del papa la facultad de concesión de la “Licentia Ubique Docendi”. Así, su desarrollo experimentó un fuerte impulso, y se convirtió en la universidad más importante de la Península Ibérica, llegando incluso a ejercer a tracción sobre alumnos extranjeros.
El estudio general de Valladolid, por su parte, tiene unos orígenes un tanto oscuros y mal conocidos. Surgió hacia finales del siglo XIII, cuando la universidad palentina se encontraba ya en decadencia; posiblemente gozó también de la protección regia. Aunque no se puede afirmar con certeza, parece que sus primeros años de vida fueron florecientes, que incluso se convirtió en polo de atracción para alumnos extranjeros.