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La enseñanza
universitaria se basaba sobre la utilización de libros que
servían como texto. Estos libros eran los útiles indispensables
de la vida intelectual, auténticas herramientas de trabajo,
capaces de crear necesidades nuevas, que no tuvieron razón
de ser hasta el siglo XIII; así, por tanto, el desarrollo
de las instituciones universitarias supone, paralelamente, el desarrollo
del libro y su mundo, que adquieren unas peculiares características,
relacionadas con el fin utilitario que se atribuye a los libros
en el mundo universitario. |
En cuanto
a esas características materiales, el formato se redujo,
haciéndose más manejable; igualmente, desde el mismo
siglo XIII empezó a utilizarse el papel como materia escriptoria,
lo que supuso un considerable abaratamiento en el precio de los
libros. Sea sobre pergamino, sea sobre papel, el instrumento escriptorio
más habitual era la pluma de ave, que sustituyó al
cálamo, imponiendo un ritmo más rápido en el
acto de escribir. |
Paralelamente,
apareció la escritura gótica, que sustituyó
a la carolina. El nuevo ciclo escriptorio tenía indudables
ventajas sobre el anterior; entre ellas, la esencial era la rapidez
en el trazado, fundamental en una etapa en la cual la producción
libraria tenía que acelerarse, para satisfacer una demanda
cada vez más abundante.
Igualmente, la escritura gótica tenía una mayor presencia
de abreviaturas; éstas llegaron a hacerse tan numerosas y
complejas, que acabaron por ser objeto de auténticos repertorios. |
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Finalmente,
también hubo diversos cambios en relación con la propia
estructuración interna de los libros; en efecto, surgieron
títulos e índices que facilitaban considerablemente
la lectura y utilización de estos libros.
Las novedades en la producción
libraria estaban determinadas por una obligación que correspondía
a todas las universidades: la de poner a disposición de maestros
y alumnos, en número suficiente y con características
idénticas, los textos de los autores que estaban incluidos
en los programas universitarios. Para atender a dicha obligación
surgió un nuevo sistema de producción de libros, la
“pecia”, que se convirtió en el procedimiento
característico de edición universitaria.
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Los libros fabricados
con este método eran manuscritos formados por cuadernos copiados
en cadena, sobre la base “exemplar”; cada uno de estos
cuadernos era reproducido por un copista, que no podía incluir
ningún tipo de cambio o modificación. Una vez terminados
y reunidos, esos cuadernos daban lugar a libros idénticos. |
Así, por
tanto, la necesidad de disponer libros de texto fue satisfecha a
través de la actividad de toda una serie de copistas, que
se encargaban de la reproducción de aquellas obras que eran
imprescindibles para seguir los cursos. Los copistas formaban parte
de la propia estructura universitaria, siendo la universidad la
que determinaba su estatuto laboral., así como también
el salario que debían cobrar por su trabajo.
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Una vez terminados,
los libros eran depositados en librerías, donde maestros
y alumnos podían compararlos y en muchos casos, eran las
propias universidades las que establecían una precio oficial
para estos. Pero aún así, para remediar los efectos
de lo costoso de los libros surgieron diversos procedimientos, siendo
la mejor solución la creación de bibliotecas en las
diversas universidades. Éstas se pensaron como un lugar de
estudio donde los usuarios tenían a su disposición
aquellos libros de consulta más habitual, que solían
estar asegurados a las estanterías por cadenas para evitar
su robo. Además, existía ya en estas primeras bibliotecas
un sistema de préstamo, que afectaba a los libros de los
que había varios ejemplares. |
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