El Origen de las Universidades
Existieron diversos puntos entorno al origen de las universidades que son los que hicieron posible que éstas vieran la luz. Uno de ellos sería sin duda el desarrollo urbano. Y es que las ciudades de Europa Occidental se vieron involucradas en un proceso de crecimiento y mejora, unido al nacimiento de toda una serie de ciudades nuevas, así como a una maduración de la civilización urbana en todos sus niveles. Como sabemos, la ciudades llegarán a tener unas características propias como centro político, económico, religioso, intelectual...
Otro elemento fundamental sería el nacimiento de una nueva clase social, la burguesía, que se sitúa al margen de la estructura habitual de clérigos, guerreros y campesinos. Y parte de estos burgueses se interesaron por las posibilidades de hacer una brillante carrera en los distintos campos del saber.

Pero la primeras universidades se verán influenciadas por los modelos anteriores de docencia como eran las escuelas monásticas, las episcopales y las municipales. Aunque, finalmente, fueron las escuelas episcopales y las municipales las bases sobre las que se erigieron las primeras universidades.

Las escuelas monásticas tenían un papel muy relevante desde la Alta Edad Media. Por una parte, estaban destinadas a servir de vía para la preparación intelectual de los jóvenes que iban a profesar en la comunidad monástica pero también estaban abiertas para los laicos, al menos hasta la reforma gregoriana.

Las escuelas episcopales las encontramos en aquellas ciudades que son cabeza de Diócesis y en ellas, la enseñanza es competencia del Obispo que es el que la organiza.

Las escuelas municipales, por último, eran totalmente laicas y sólo dependen de las autoridades municipales y están compuestas por profesorado laico y dirigidas hacia las capas pudientes de la burguesía urbana.

Sin embargo, las limitaciones de las escuelas episcopales pronto saldrían a la luz: tenían una capacidad para los alumnos limitada y que empezó a hacerse insuficiente desde el momento en el que brotó un anhelo de saber entre los jóvenes de la época.

Para satisfacer esta nueva demanda, surgen profesores fuera del contexto de la escuela episcopal que impartían clase de forma gratuita al tener la “licentia docendi”. Así, junto a las docencia que administra el obispo, se desarrolla otra docencia por profesores licenciados que percibían unos honorarios de sus alumnos, con los que se recompensa su trabajo y se elude el control del obispo.
Y junto a estos profesores nace a su vez un alumnado que, al no quedar sujetos bajo el mando del obispo, se convierte en una masa incontrolada que, desde finales del siglo XII, empieza a provocar problemas relacionados con el modo de vida turbulento y desordenado y que quedaban perfectamente retratados en los poemas escritos por los goliardos.

Así, las primeras universidades van a ser la respuesta a todas estas nuevas necesidades que hemos visto.