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A
Oxford le cupo el honor de ser la tercera de este trío formado
por las primeras universidades. Aunque nunca logró alcanzar
la influencia que llegaron a ejercer tanto Bolonia como París,
no se puede obviar su gran importancia dentro del panorama universitario
de la Edad Media.
Si
bien Oxford no contaba con una diócesis episcopal propia,
la presencia de población estudiantil en la ciudad era ya
muy evidente hacia el año 1150, esta población estudiantil
frecuentaba las escuelas radicadas en determinados centros religiosos
como monasterios o conventos cercanos. |
Años después,
en el siglo XII, había logrado adquirir una buena reputación
como centro de enseñanza superior, gracias al apoyo de los
obispos de Lincoln, pero también debido a las especiales
circunstancias impuestas por el rey Enrique II, que prohibió
a los clérigos ingleses abandonar las islas para realizar
estudios superiores.
Pero, como en París, también
la universidad de Oxford debió su nacimiento, en última
instancia, a sucesos trágicos: un sonado altercado entre
los estudiantes y los vecinos, fechado en el año 1209, que
se saldó con la muerte de varios alumnos.
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Después
del mismo, alumnos y maestros decidieron dejar la enseñanza
y abandonar la ciudad, trasladándose unos a París
y otros a Cambridge, donde fundaron una nueva escuela, que supuso
a su vez, el nacimiento de una nueva universidad.
Finalmente,
la lucha se resolvería en 1214 gracias a la intervención
de un legado pontificio, que logró conciliar los intereses
de los intelectuales con los de los vecinos, sin olvidar tampoco
los del rey.
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Como
en el caso de París, también la solución
del conflicto pasó por el claro reconocimiento del carácter
eclesiástico de la enseñanza: estudiantes y maestros
fueron colocados bajo la jurisdicción del obispo de Lincoln,
representado por un canciller.
Pero
aquí terminan las semejanzas entre Oxford y París
pues en la ciudad inglesa los conflictos entre la universidad
el obispo brillaron por su ausencia. Los sucesivos obispos de
Lincoln tuvieron siempre la habilidad de escoger a los cancilleres
de la universidad de Oxford entre intelectuales de gran categoría,
que previamente habían prestado servicios en las aulas
universitarias. Estos cancilleres lograrían unas relaciones
bastante buenas entre todos.
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Y aunque
en Oxford no enseñaron intelectuales tan destacados como
los que dirigían las docencia en París, la universidad
inglesa tuvo gran predicamento entre el alumnado internacional,
sobre el que ejerció una gran atracción, aunque ésta
no tuvo las dimensiones de la ejercida por París. Las aulas
de la universidad oxoniense se especializaron en teología,
aunque también se volcaron en las ciencias, con la talla
de maestros como Roger Bacon. |
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