La Vida Cotidiana
Como toda corporación la universidad fue capaz de crear un determinado estilo de vida, en el que debían integrarse todos sus miembros, tanto estudiantes como profesores; un estilo de vida que impregna toda una serie de detalles relativos a la vida cotidiana.

En cuanto al calendario escolar, éste ocupaba un lugar muy destacado. Muchas veces, este calendario no contemplaba la existencia de vacaciones escolares en sentido estricto, aunque sí un período de menor actividad académica.

Éste se correspondía con el verano, incluyendo habitualmente los meses de julio y agosto, aunque con variaciones, según los diversos centros universitarios; a lo largo de este período, los maestros cesarían de enseñar, pero bachilleres y estudiantes continuarían con sus respectivas tareas, aunque trabajando a un ritmo más lento que el resto del curso.

Como es lógico, dentro de unos centros de enseñanza determinados por su carácter eclesiástico, se guardaba el domingo, y también se guardaban las otras festividades de carácter religioso, así como las festividades de carácter universitario. Entre los domingos, unas festividades y otras, el calendario escolar se aligeraba considerablemente: prácticamente no existían más de 130/140 días lectivos completos al año.

Las actividades lectivas comenzaban al amanecer, cuando se celebraba la clase de prima, y terminaban con la clase de vísperas, la última de todas, que tenía lugar a las cinco de la tarde. Las clases solían durar de dos a tres horas cada una.

También la piedad religiosa ocupaba un lugar destacado dentro de la vida universitaria; por una parte, porque la comunidad como tal estaba marcada por la orientación de los eclesiásticos, pero también porque, como todas las demás corporaciones urbanas, tenía una vertiente religiosa que se manifestaba de una forma propia y característica.

Los actos religiosos de carácter colectivo se regulaban en los estatutos, y era obligada la asistencia a ellos; incluían las misas dominicales, y las festividades de los santos patronos –entre ellas ocupaba un lugar destacado la de San Nicolás-, así como algunas festividades que estaban muy arraigadas en la piedad popular de la época, como las de tipo mariano o el Corpus Christi. Igualmente, se consideraba obligada la asistencia a los funerales ofrecidos por los difuntos de la corporación.

También se consideraba una obligación la predicación ante los miembros de la propia comunidad universitaria, incluso aunque tan solo se hubiera recibido la tonsura. Estas predicaciones se realizaban siempre en latín, utilizando muchos recursos retóricos, y usando también muchas citas bíblicas.